Un alma talona de acento argentino y latido ejidense

Gustavo Nicoletti cruzó el océano y el rugby lo encontró a él por segunda vez en su vida en El Ejido

Gustavo Nicoletti disfruta de la brisa marina de las playas almerienses

Es fácil de entender. Únicamente hay que ponerse en situación: siendo un niño te llevas ‘colgados’ a tu cuerpo a otros tres niños de tu edad mientras avanzas teniendo cada vez más cerca una línea horizontal a la que quieres llegar. Es fácil de entender. Te sientes imparable, con fuerzas, capaz de conseguir todo lo que te propongas, cuando traspasas esa línea. Es fácil de entender. En las manos, un balón oval, y en el alma, un enamoramiento para toda la vida hacia el deporte que, solo armado con valores y como ningún otro, es capaz de influir positivamente en la infancia. Es fácil de entender… a Gustavo Nicoletti cuando este argentino universal de Buenos Aires explica lo que es el rugby.

Tenía 9 años cuando vivió en primera persona, y bajo la orden que le formuló el ‘Goyo’, su primer entrenador, ese momento impactante para su existencia: “Mira, gordo, tenés que correr, cruzar esa línea y posar el balón”. Así le dijo, y lo que pasó después ya está contado. Lo que se sigue produciendo a día de hoy tiene mucho más por contar: “Yo dije, este es mi deporte para el resto de mi vida, y a partir de ahí, 35 años”. De esos, 12 en El Ejido, pero siempre con el recuerdo muy fresco: “Me acuerdo del primer día de entrenamiento, que era un sábado por la mañana, y de que había probado antes baloncesto, judo y fútbol, pero siempre de portero en el fútbol, no salía de ahí por gordito”.

Cuando su primera jugada terminó, “a los que vengan por delante de ti, pasas por encima de todos”, y escuchó los elogios, “¡sí, máquina, animal…!”, no solo fue feliz por sentirse importante, sino por haber hecho felices a los demás que lo animaban. Y es que hay un desarrollado sentido humanista en la vida del que llegó a Almerimar siendo un “pumita” y que resultó un personaje clave para la creación del Proyecto URA. Sus perfiles en las redes sociales le ‘delatan’ y su día a día es un ejemplo de ello. Es todo lo contrario a ‘inoportuno’, un chico formal, puede que la excepción que marca la regla de que los pelirrojos son los más traviesos, ¿o fue el rugby el que lo moldeó y el que lo ha hecho así?.

El ‘Colo’ es querido y respetado, cuestiones que se gana un buen talonador como él. Es su posición natural, la de toda la vida menos unos pocos años en El Ejido porque faltaba un medio melé. Confiesa que le gustó: “La verdad es que es un puesto espectacular, me lo pasé muy bien, al margen de porque tocas mucho balón y administras el juego, también porque estás pegado ‘a los gordos, hablándoles y dándoles juego, y como he sido gordo toda mi vida, está muy bien”. De todos modos no se resiste: “Mi alma es de ‘talona’, y siempre pido al que esté a mi lado que tenga sangre; el talonador es el más ‘hijo de puta’ en el campo, el que pone en su sitio a los compañeros”.

Se refiere a que es el que “coge al segunda línea, o al ocho, o a quien no está dándolo todo y le tiene que dar un coscorrón y decirle’ vamos tío, pon el hombre como lo ponemos todos, me voy a dejar la vida por ti y tú déjala por mí’ y por los demás”. Ahora está encantado por haberse producido algo histórico: “El talonador es el capitán de Los Pumas por primera vez y me parece genial porque es el tío que da el paso adelante, el que lleva a su delantera, el que demuestra a todos los demás lo que se tiene que hacer dentro del campo”. Es cuestión de los socorridos valores, “no es un ‘speech’, sino una realidad, una persona de 80 años va a contar lo mismo respecto al rugby, los valores”.

Legado rugbier

Gustavo Nicoletti recuerda que el deporte oval “va cambiando en algún tema táctico, técnico o físico, pero los valores siguen siendo los mismos y de ellos se hace una transmisión de generación en generación”. El mensaje va calando en la sociedad y se está produciendo “una realidad de crecimiento no solo en España sino en ámbito mundial, que también tiene que ver el fomento en los medios de comunicación, pero sobre todas las cosas, lo que más hace crecer al rugby es la transmisión de los valores que nosotros manejamos, el respeto, el trabajo en equipo, la humildad, el sacrificio… claro, cuando eso va de boca en boca, los padres no están acostumbrados y se ven conquistados”.

Pero va más allá del terreno de juego y se aplica “a la vida en general”. Por eso lo tiene claro: “Estoy convencido, como todos los locos del rugby, que cuanto más rugby haya mejor sociedad habrá”. Aplicado al mundo de la empresa, sinónimo de éxito: “Un jugador de rugby que viene desde pequeño mamando estos conceptos, los valores, es una persona que siempre va a tirar para adelante, que va a hacer el sacrificio, que va a luchar, que va a estar dispuesto siempre a lo que haga falta, eso lo conseguimos con nuestro deporte, formar a este tipo de personas, y por eso es aconsejable para cualquier empresario que tenga rugbiers en su empresa”. Departamento oval de Recursos Humanos.

Cuando se subió en el avión en 2005 llevaba todo eso en la maleta, pero le llevó un año sacarlo en El Ejido. En la provincia apareció oficialmente en 2004 el proyecto ejidense como tercera opción a los ya existentes Costa de Almería y Carboneras. Se entrenaba en los jardines del Paseo Marítimo de Almerimar, a donde fue a comer un domingo de 2006 con su familia para verse gratamente sorprendido: “No había difusión y fue de casualidad que justamente estuvieran montando para el partido inaugural del campo de Almerimar”. Por su acento le preguntaron si era “un pumita” y le instaron a coger una botas y entrar a jugar. No aceptó por su modo de entender este deporte, pero acudió a entrenar.

Venía de una cultura de méritos: “En Argentina la mayoría de los clubes tienen muchísima gente y cada categoría tienen un equipo A, un B y un C; tu primera aspiración es jugar en el equipo A de tu categoría, y aprendes el sacrificio y a pelar por eso desde que eres muy pequeño; cuando eres senior quieres llegar a jugar de titular en el equipo de tu club y jugar en el ‘Campo 1’ de tu club, porque eso es un orgullo muy grande, y a partir de ahí sueñas con llegar a jugar en los Pumas, que son muy poquitos los que lo consiguen”. Por eso Colo tenía que “entrenar, estar en la mejor forma posible y ganar el puesto”, a lo que se puso para jugar su primer partido en Granada la semana siguiente.

Estuvo un año como jugador y al siguiente se hizo una reunión al principio de temporada votándose en ella unánimemente que Gustavo Nicoletti fuera también el entrenador, compaginando ambos papeles por la falta de efectivos. Llegó entonces URA y su apuesta fue rotunda: “Me llama Pablo Jiménez y me ofrece ser coentrenador con él de la delantera de URA, y ahí ya sí me decidí a ser solo entrenador”. Después ha habido escarceos, incluso con conmoción en un partido de veteranos en El Puerto de Santa María en la primera temporada ‘cruzada’ en División de Honor B: “Duré 5 minutos en el campo por primera vez en los más de 30 años de rugby por un rodillazo fortuito en la cabeza”.

Creer en URA y en El Ejido

Como míster, suyo fue el ascenso y la primera permanencia, habiéndose dado del todo a El Ejido de nuevo el año pasado. Ahora es el momento de seguir con la insistencia en ello, viéndose el crecimiento y siendo capaz de cohesionar: “La gran base de la plantilla es la misma del año pasado, pero además se nos suman jugadores que eran de El Ejido Rugby cuando se hizo la creación de URA y que se marcharon porque no estaban de acuerdo; hubo roces porque no entendía el proyecto, todavía hay alguno que no lo entiende, se fueron 13 a Marrajos, que se creó entonces, y ahora regresan 5, que yo tenga confirmado”. Contará con una plantilla de entre 30 y 35 jugadores, lo que es muy bonito”.

El Ejido afrontará la Segunda Regional con más garantías que nunca después de haber disputado una histórica fase de ascenso hace pocos meses: “No es lo mismo entrenar con 14 o 15 que con 30 o 35, porque puedes hacer otro tipo de trabajo, con oposición, y eso hace que se suba el nivel en general de todos los jugadores”. De todos modos no se aventura: “Siempre digo lo mismo, hasta finales de septiembre no se puede saber si va a ser mejor o peor que el año anterior porque es cuando sabes quiénes van a estar comprometidos y quiénes no, pero eso sí, en cuanto a la cantidad de jugadores, ya estamos mejor que el años pasado, que ya fue bueno”. Es todo producto de un proceso.

En ese sentido, sigue siendo un firme defensor de la unión como eje clave: “Lo que se ha crecido en los últimos cuatro años es impresionante y por eso resulta incomprensible que haya quien no lo entienda”. De la División de Honor B sabe que es “una ocasión para todos los jugadores de El Ejido, porque forman parte del proyecto”. Es un tesoro que resulta complicado de defender: “Está siendo más difícil cada año permanecer que lo que fue ascender; cuando empezamos con URA el proyecto era subir por lo menos en 3 o 4 años, y lo hicimos al segundo, eso fue…”. Hubo algo determinante para lograrlo, “un cambio muy importante sobre todo en la mentalidad de los jugadores de URA”.

Una vez más, el choque de su mentalidad argentina: “El rugby en Almería, si bien se lo tomaban en serio, era más ir a echar el rato, desconectar y pasarlo bien con los amigos; con la creación de URA hubo un cambio, y todo el mundo empezó a ir al gimnasio, a ponerse fuerte, a tomarse las cosas en serio, sobre todo más que en la primera, en la segunda temporada; no había jugadores que faltaran a los entrenamientos, compatibilizando con trabajo y familias; el ejemplo es Quintana, que los viernes, en invierno y verano, traía a sus hijos porque no tenía con quien dejarlos, y eso supone un sacrificio personal y familiar y refleja esa toma de conciencia que hizo que pudiéramos subir”.

No más ni menos que eso es lo transmite a los chicos de El Ejido: “Todos los sacrificios que hagamos, en el momento de hacerlos duelen, gente de viene de Roquetas y de Almería, incluso de Carboneras dos veces por semana a entrenar y después a jugar, horas que le quito a la familia y al descanso, todo eso se verá recompensado el día que llegue el final de la temporada y se levante una copa; ahí se verá ese sacrificio durante todo el año, pero si queremos llegar a levantar esa copa, hay que pasar por todo eso; llegar al final de una liga puede ser muy complicado o un camino de rosas, pero las rosas tienen tallos con espinas y tenemos que caminar por encima de esos tallos”.

Lo primero que cambia es que no se tiene que ‘rogar’ a nadie que vaya a jugar porque falta gente, con lo que eso conlleva de que “esa persona no se tiene que esforzar porque sabe que va a entrar”. Ahora cada cual “se va a tener que ganar el puesto, se va a ver quien tiene ganas y se va a tener que pelear por ello, sin faltar a los entrenamientos, yendo al gimnasio… el que abandona seguramente no está hecho para estar aquí”. Sus cinco puestos clave, “talona, el 8, el medio melé, el 10 y el zaguero”, como mandan los cánones, y “el 10 es el director de orquesta”. Empastando, Gustavo Nicoletti, de “rugby 15 y en verde, pero capaz de organizar un extraordinario torneo de playa”.

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