Puñetazo en la mesa de las niñas del Pavía: pasión recompensada ganando la Yellow Cup de Villarreal

Demostración de perseverancia y talento de un equipo fútbol femenino forjado en una ingrata competición masculina

torneo de semana santa
Las chicas de la UD Pavía posan con su submarino amarillo tras haberse proclamado campeonas de esta edición del torneo

El día a día de estas chicas arlequinadas merecía ser contado desde antes de su ‘machada’ en la espléndida Ciudad Deportiva del Villarreal CF. En realidad son el ‘Pavía B’, y militan en el grupo 2 de la Tercera Andaluza Cadete. Tanto en el grupo 1 de esa categoría como en la Segunda Andaluza, hay dos equipos pavienses que son líderes sólidos de la competición, pero ellas cierran la tabla habiendo encajado la friolera de 250 goles. Lo más cerca de un rival que han estado ha sido a seis de distancia, con un 0-6 y un par de 7-1, pero comenzó el mes de abril y algo les dijo que ‘La Cenicienta’ iba a ser algo más que un cuento para ellas.

El día 1 del nuevo mes lograron, de manera histórica, su primer punto, un empate sin goles ante el Club Natación B, un equipo que en la primera vuelta les había metido 10-1. Atrás quedaban 18 derrotas, algunas muy dolorosas pero ninguna lo suficientemente dura como para provocar su rendición. Y es que hay un par de detalles que son de gran relevancia para comprender su historia, como que son chicas compitiendo contra chicos, y que lo hacen en desventaja al tener en su plantilla a un buen número de infantiles (menores de edad respecto a sus rivales). Gran parte de la culpa de su perseverancia es la pasión transmitida por Anabel Suárez.

Esta entrenadora, integrante del grupo de pioneras arlequinadas que se proclamaron campeonas de la primera liga de fútbol 11 femenina de Almería, transpira fútbol. Dicho así parece una veterana, pero nada más lejos de la realidad. Es joven y tiene talento, porque suma a sus conocimientos una gran habilidad para el manejo de grupos. No es solo ‘enseñar’ a jugar a las niñas, es mantenerlas unidas y motivadas en torno a eso redondo que a veces bota mal. En un mundo muy masculinizado y poco a poco, gracias a la aportación de gente como ella, menos machista, las niñas del Pavía B cadete de Tercera no quieren que un príncipe azul les calce un zapato de cristal.

Lo que hacen varias veces por semana es anudarse botas de tacos y salir a darlo todo a un campo de fútbol, siendo indiferente si se trata de un entrenamiento o de un partido de liga. Cabeza siempre alta, rendirse jamás, merecían que la calabaza fuera una carroza. Así fue, y con ella se pasearon por un torneo de alto prestigio como la Yellow Cup Easter que organiza el Villarreal CF. Pudieron medirse a otras chicas, y no les importó compartir los minutos al pasar de fútbol 11 a fútbol 7. Su capacidad para perseverar las condujo a la victoria final, porque ella precisamente fue la que les permitió evolucionar e ir de menos a más a lo largo de los días.

Tras una primera jornada en la que empataron 1-1 con el Sabadell y perdieron 1-0 con el Villarreal A, se produjo la conjura y el giro de rumbo. Tanto fue así como que se auparon segundas en la fase de grupos con dos goleadas, 3-0 al Mare Nostrum y 4-0 al Villarreal B. Llegó el momento soñado, por el que tantas y tantas horas de entrenamiento empiezan a cobrar más sentido, ya que a todo el mundo le gusta ganar pese a que no sea lo primero. Otra vez se veían las caras con el primer equipo del submarino amarillo, y esta vez el fútbol les dio la razón con una victoria magnífica por 3-1. Se acababan de plantar en la gran final, y no iban de convidadas de piedra.

Esperaba el Sabadell, posiblemente el equipo de más nivel del torneo junto con el Pavía, en un choque último digno de un gran evento. La igualdad entre ambos, pese al buen juego catalán y la gran preparación de sus jugadoras, dio como resultado otro 1-1, calco del marcador de la fase de grupos entre ambos, y decidieron los penaltis. La lotería sonrió, por fin, a las niñas de Anabel, conocedora como nadie de lo que suponía para sus chicas un triunfo así. Lo que hay detrás de ese bonito trofeo, del submarino amarillo dentro del cual hicieron el viaje de vuelta a su cruda realidad, es imposible de concentrar en unas cuantas líneas de texto.

Cuando lo importante no es ganar suele ocurrir que se acaba por conseguir gracias a que se ha prestado atención a cosas más importantes y que son la base para un proyecto sólido. Al Pavía B lo mueve una pasión inquebrantable pese a las adversidades, una calabaza a la que estas mujeres en miniatura han marcado una cara de Halloween para dar miedo a los inmovilistas de un régimen rancio, caduco y nada acorde a la realidad social actual. El fútbol femenino va por detrás de otros deportes en los que las mujeres tienen mucho más reconocimiento y facilidades, y eso no es culpa de ellas, sino de ellos. Ahí queda un grito de chicas guerreras.

Deja tu opinión