El viento da el alto a la Clásica Ciclista de Almería y la reduce a circuito urbano de 21 km por Roquetas

El vendaval costero neutraliza la carrera en La Mojonera y en las calles roqueteras se impone el australiano Leigh Howard

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Entrada en meta del grupo de fugados con el australiano Howard haciendo a la perfección la maniobra para ganar

El comisario principal había advertido en la recogida de firmas del Mirador de la Rambla en la capital de que se iba a salir pero que en cualquier momento se podría parar, y así fue. El gran ambiente de la Avenida de Federico García Lorca no estaba ajeno al fuerte viento reinante el domingo por la mañana, avisado por los servicios oficiales de meteorología, y de hecho se disfrutó del escaparate que monta una gran prueba ciclista.

Cientos de personas se fotografiaron con sus ídolos de la bicicleta, llevándose la palma principalmente el murciano Alejandro Valverde. Abierto al público para propiciar la cercanía con los equipos, el paseo entre los autobuses y coches auxiliares era obligado hacerlo con las cámaras de los móviles encendidas. Así, se dio la salida neutralizada, se bajó el Paseo y se buscó enfilar el camino hacia el Poniente… con viento de Poniente.

Lo mínimo iban a ser los abanicos, pero lo máximo podría haber sido alguna desgracia para los participantes en la prueba, así que pasados unos pocos kilómetros, en La Mojonera, no hubo necesidad de avanzar más camino a El Ejido. Las zonas que fueron el origen de la Clásica Ciclista de Almería estaban siendo testigo de que el viento manda cuando quiere. Se neutralizó la carrera y se replegaron velas en torno a la meta.

Todo lo que supone de montaje faraónico, con la famosa serpiente no de deportistas sino de coches llegando a Roquetas, debía tener una respuesta, sobre todo para patrocinadores y público, y se decidió al menos competir sobre el circuito urbano que marcaba los últimos algo más de 3 kilómetros y medio. Una vuelta de reconocimiento y cinco más dieron el triunfo al australiano Leigh Howard, del IAM Cycling, con golpe de riñón.

El sprint final no fue el soñado, con Bouhanni reinando, sino el disputado entre el vencedor y el ruso Aleksei Tcatevich, del Kathusa. Ambos se dieron a la fuga con inteligencia acompañados por el compañero de equipo de Howard, el letón Aleksejs Saramotins. El demarraje del australiano se produjo a dos kilómetros de meta, en la última vuelta, y se llevó a rueda a dos acompañantes. La victoria fue apurada y con maniobra de libro.

De 184 kilómetros realmente se corrieron 32, a los que cabe sumar los referidos 21 como solución de emergencia. Los capos de la carrera, el belga Philippe Gilbert, el francés Sylvain Chavanel y los españoles Samuel Sánchez y Alejandro Valverde, hablaron antes de la salida con el jurado técnico, todo ello ante un esperanzado José Manuel Muñoz, director general de la Clásica de Almería. Fue cuando se decidió salir.

Hasta después de Aguadulce no pareció moverse de verdad la prueba, sobre todo porque se transitó previamente por el Cañarete y no había seguridad plena por aquello de los desprendimientos. Además, desde ahí el viento venía de cara o de costado, e incluso llovió sin que el agua fuera un impedimento. Al kilómetro 29 se llegó en una hora, media irrisoria, y tres más adelante se paró definitivamente antes del sprint intermedio de Las Norias.

Ya en la disputa de Roquetas, tomada la decisión de ofrecer algo de espectáculo por las calles de la localidad que era la meta de este año, Alejandro Valverde, que había apostado en las firmas de la mañana por Juanjo Lobato, había colocado a su compañero, segundo en las dos últimas ediciones, en el corte bueno. Cofidis también llevaba a Nacer Bouhanni con su lanzador Borut Bozic, pero entre la treintena el más listo fue Howard.

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