Unicaja Almería de voleibol, un campeón sin título

Artículo de opinión de Javielón Gálvez: "Hay cosas que solo están al alcance de los que tienen un gen ganador"

Teruel
Los jugadores de Unicaja Almería agradecen el apoyo a los valientes que se desplazaron a Teruel (Foto: Paco Alonso)

Unicaja Almería se despidió de la Supercopa de voleibol, de hecho, los ahorradores acabaron pagando su peor versión de la presente temporada en un primer set que le acabó pasando factura. Con 2-0, contra todo pronóstico, los verdiblancos lograron empatar y en el tie break gozaron de un punto de partido, que se fue a limbo, y CV Teruel se despertó de su letargo del arranque de la temporada con el primer título de la temporada.

Eso sería hablar del partido, pero hay que ser un verdadero campeón para la intrahistoria que hay detrás del resultado. CV Teruel y Unicaja volvieron a ofrecer voleibol de calidad, ese que pasaría a la historia si no fuese por esas pequeñas cosas que hacen que la organización no vaya acorde a los equipos. Los locales, sin ir más lejos, se llevaron una alegría después de que la inoperancia en los despachos le haya privado de disfrutar de Europa como le pasa al resto plantillas que forman la competición.

Los almerienses están hechos de otra pasta y dejaron esos detalles que los convierte en campeones, aunque el título de la competición no acabase en sus vitrinas. Si ya es difícil levantar una final que está casi perdida, intentar que la historia se repita por segundo año consecutivo son palabras mayores y si a esto le añadimos hacerlo con casi 4.000 kilómetros en el cuerpo; el resultado es Club Voleibol Almería.

No solo eso, sobre ponerse incluso a uno mismo como enemigo es de ser un auténtico héroe. El inicio fue malo, eso es cierto, o el de Teruel muy bueno, que también, pero en lugar de dejarse ir —como podrían haber hecho— decidieron pelear y asustar a una afición que era superior a la del otro aspirante al trofeo porque a alguien se le ocurrió que lo más sensato para que hubiera espectáculo en una final es que no se disputara en pabellón neutral. Es cierto que solo una temporada antes se celebró en El Ejido, pero también es verdad que ninguno podía pesar el esfuerzo físico y que la organización sí fue imparcial.

Con el ambiente y el marcador en contra, mientras lidiaba con el aspecto mental del deporte, las decisiones arbitrales tampoco favorecieron. Es curioso, pero la motivación llegó cuando los valencianos daban los puntos dudosos a los locales, además de un punto regalado por tarjeta roja. Sí, fue por festejar un punto con más efusividad de la cuenta, aunque, lejos de afectarle, volvieron a dejar que saliera su espíritu de campeón para que ese fuera el inicio del intento de la remontada épica. Habrá que tenerlo en cuenta para la próxima: no se pueden celebrar los puntos porque te amonestan. Así está este deporte.

Tampoco se le puede quitar mérito al vencedor, debido a que tuvieron que luchar para darle la vuelta a un 1-6 que los visitantes tenían en el desempate, pero hacerlo en tu pista hace que el esfuerzo sea menor. Los espectadores se volcaron con los de Rivera y les dieron alas cuando peor estaban… poco podían hacer, pese a intentarlo, los valientes que se montaron en un autobús a las 6 de la mañana y pagaron 12 euros para ver a sus jugadores dejarse la piel.

Esa es otra cuestión que diferencia a los campeones: sus seguidores. Cualquiera hubiera elegido otro destino para iniciar un puente, pero la preferencia de estas más de treinta personas de sangre verdiblanca fue visitar Los Planos para acompañar a su equipo en la alegría o en la tristeza. El final del choque deparó lo segundo. Eso sí, la adrenalina del juego ya no se la podrá quitar nadie.

Hay cosas que solo están al alcance de los que tienen un gen ganador y en un solo día, pese a que el título lo levantó el capitán que vestía de naranja, al que, por otro lado, hay que dar la enhorabuena por conseguirlo, se vieron todas las facultades que diferencian a los campeones del resto de los mortales. No cabe duda de que Unicaja Almería es un campeón sin título.

El primer conjunto en la historia del voleibol español que ganó un triplete no podrá revalidarlo, pero hay que tener claro que Israel Rodríguez, Miguel Ángel de Amo, Borja Ruiz, Moisés Cézar, Juanmi González, Alemão, Toni Llabrés, Manuel Parres, Mario Ferrera, Javier Almán, Antonio Casimiro y Arabisen Rodríguez, capitaneados por Piero Molducci, todavía tienen mucho que decir.

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